Comunidad Surala

De la teoría a la práctica

​¿Y si no vinimos a ser felices a qué vinimos?

Desde pequeño me cuestionaba acerca de cuál era el propósito de la vida y sus experiencias, veía a la gente sufrir y quejarse por las situaciones que vivían y por todo lo que aparecía en el noticiero y continuamente me preguntaba ¿cuál es la razón de que existan todas estas cosas, todos estos sufrimientos?

Uno de mis personajes favoritos desde sus primeras películas es Indiana Jones y de cierta manera tuvo una gran influencia en mi forma de aproximarme a la vida, en que yo quisiera hacer de mi vida una especie de aventura, y ahora que lo pienso es posible que haya influido en mi decisión de vivir en las entrañas de la Sierra Nevada de Santa Marta con los Indios Kogui, o de recorrer el Nilo y explorar Egipto, sus símbolos y sus misterios.

Así que teniendo a este héroe como fuente de inspiración pensé que así como él hacía exploraciones para desentrañar misterios materiales yo podía emprender mi propia búsqueda para encontrar respuestas a mis inquietudes y así hallar tesoros eternos, permanentes e inmateriales, esos que un ser humano se puede llevar en el alma más allá de esta existencia.

Esa exploración que me llevó en un inicio, y por influencia del colegio, a adentrarme en los caminos de la fe y de la religión, para luego tomar los rumbos de la mente, la neuro-ciencia, la mística de la India y de la meditación, pasando por el control mental, la exploración de la sanación a través de la energía, la programación mental, la neurolingüística y los conceptos cuánticos de la existencia del ser humano y de su relación con el universo.

Muchas de estas exploraciones me llevaron a laberintos sin salida ni respuestas, aunque si a grandes aprendizajes de lo que es y de lo que no es útil en la vida. Pero al igual que Indiana en sus películas, luego de búsquedas y estudios, como todo explorador de los tesoros del alma finalmente llegué al Santo Grial, uno del cual bebería las aguas de la verdad y la eterna felicidad (y con orgullo puedo decir que también me quedé con la chica hermosa que hoy es mi esposa).

En una de las escenas más memorables, Indiana Jones se adentra en un antiguo templo y encuentra entre muchas copas brillantes, el Santo Grial, una copa humilde y de barro que se encontraba al cuidado de un caballero templario, en mi caso ese caballero templario se llamó Gerardo Schmedling y el templo sería la “Escuela de Magia Del Amor”.

Allí en este sencillo y humilde templo encontré todas las respuestas, allí todo el conocimiento adquirido en el transcurso de los años tomó su lugar, la meditación, la ciencia, la religión , la sanación y la cuántica ocuparon el espacio perfecto y coordinado dentro del orden universal.

Allí me di cuenta que mi pregunta estaba mal hecha, porque estaba basada en la premisa popular de que vinimos a ser felices y cuando eso es lo que crees entonces todas estas situaciones que tallan, molestan y generan sufrimientos pierden sentido, no encajan dentro del propósito, pero es que resulta que lo que está mal planteado es el propósito, porque lo cierto es que los seres humanos no vinimos a ser felices, vinimos a aprender a ser felices y esa pequeña palabrita marca una diferencia radical en el propósito.

Piénsalo así: ¿Cuándo estabas en el colegio qué lecciones te ponían: las que ya te sabías o las que no?. Las que No te sabías y precisamente te las ponían con un solo propósito: que aprendieras.

Si llevas esto mismo a la vida bajo el propósito de que estás aprendiendo a ser feliz, qué lecciones te debe poner la vida: aquellas con las que sabes ser feliz o aquellas con las que no sabes ser feliz?. Aquellas con las que no sabes, por una sola razón: para que aprendas, porque ser feliz significa que la felicidad es tuya, que te pertenece, que no depende de nada ni nadie diferente a ti y por lo tanto necesitas aprender a ser feliz ante todas aquellas situaciones en las cuales no eres dueño de tu felicidad.

Esta sola comprensión marcó para mi el principio de un nuevo camino, pues me llevó a darme cuenta que si estoy aprendiendo entonces lo que va sucediéndome en la vida depende de mi propia capacidad para aprender de las experiencias que vivo y por lo tanto yo puedo caminar ese camino de una manera consciente, como discípulo de la vida y con la luz de la comprensión del orden universal.

Y aunque hoy sigo mi propio caminar, tropezando todavía con mi propia oscuridad , es maravilloso tener las herramientas para sacar la luz de las experiencias, y vivir acompañado de caminantes, de “evolucionantes”, compañeros de camino que un día decidieron explorar las rutas del amor en su propia alma.

Hoy me considero a mi mismo como uno de estos caballeros templarios, que pasa la luz de su antorcha a quienes han llegado a este mismo punto en su búsqueda y precisamente porque sé que hay otros como yo que buscan entender el sentido de las experiencias que viven es que te invito a seguir comprendiendo la escuela de la vida y el amor detrás de todas las situaciones en “Una nueva perspectiva de vida”.

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