Comunidad Surala

De la teoría a la práctica

El duelo y otras dolencias

Cuando nació la idea de este blog, pensamos en compartir cómo ha sido en nuestra experiencia la aplicación de la teoría, cómo hemos vivido las situaciones de la vida, cómo hemos aprendido de ellas y cómo las hemos trascendido, eso implica abrirnos un poco, abrir nuestro corazón, nuestras emociones, nuestras limitaciones y también nuestros aprendizajes. Y desde que comenzamos con este proyecto he deseado escribir sobre el duelo, sin embargo no me sentía 100% preparada para abordar el tema, pero estamos en mayo y todo parece indicar que es un buen mes para hablar del duelo y sus dolencias.

Hace poco una persona me preguntaba: ¿qué parte es más difícil: cuando te enteras de la muerte de un ser querido o el momento del entierro?. No tuve que pensarlo mucho para responder: ninguna de las dos, la parte más difícil es cuando vuelves a la cotidianidad y tienes que lidiar con su ausencia, cuando regresas a tu casa y esa persona ya no está, cuando tienes que seguir con tu día a día sabiendo que hay un vacío y ya nada podrá llenarlo.

Hace 3 años murió mi padre, mi ídolo, mi héroe, mi hermano y mi maestro. Un ser maravilloso ejemplo a seguir en muchas cosas. Murió de una forma natural pero repentina, sin aviso previo, sin despedidas y sin posibilidades de una preparación mental, emocional o psicológica.

La noticia por supuesto fue una sorpresa, algo que me negué a creer hasta cuando ya no tuve otra opción. Y recuerdo que todo el proceso de clínicas, notarias, funerarias y cremación lo viví muy “puesta en mi sitio”, con la cabeza fría, enfrentando cada trámite adecuadamente y sin descuidar mi reciente función de madre. Sin embargo cuando regresé a casa fue cuando me golpeó friamente la realidad, su ausencia era un vacío infinito que hacía cada día completamente insoportable.

Pero, como casi todo en la vida, el duelo es un proceso, uno con diferentes etapas y quieras o no debes vivirlas todas.

  1. La negación: inicia minutos después de la noticia, sencillamente te niegas a creer que eso verdaderamente pasó, prefieres pensar que todo es un mal chiste, un mal sueño del que pronto despertarás para darte cuenta que no ha pasado nada.
  2. La resignación: en esta etapa ya te enfrentas a la realidad, ya reconoces que sí sucedió, esto genera un torbellino de emociones que si o si necesitas sentir y expresar, estas emociones se pueden clasificar en dos sub-etapas:
    1. Ira: sientes rabia profunda por lo sucedido y sobre todo porque no puedes hacer nada para cambiarlo (esta sub-etapa no ocurre en todos los casos
    2. Tristeza: Te invade el profundo dolor de la pérdida de ese ser, sientes el vacío y solo deseas llorar, quedarte en cama enternamente, bajo las cobijas, llorando y aislado de todo el mundo.
    • Es importante vivir esta etapa en todo su esplendor, lo más sano es permitir que esas emociones salgan, hay permiso de gritar, llorar, patalear, insultar…todo lo que ayude a descargar esas emociones y a vivir el proceso.
  3. Los principios de la aceptación: en esta etapa hacemos conciencia del suceso en un nivel más profundo, ya lo vemos desde otro ángulo y comenzamos a entender la perfección del universo incluso con ese evento, aunque todavía puede haber un poco de emociones, todavía hay días del año en que duele, pero ya no son las mayoría de los días, comienzan a disminuir.
  4. La comprensión: en esta etapa ya estamos más allá del bien y del mal, comprendemos que todo es perfecto, que es necesario y logramos soltarnos por completo, en esta etapa ya no hay emoción, solo paz, amor y gratitud.

Cada etapa se supera con la misma herramienta: LA ADAPTACIÓN, solo que en cada etapa son niveles diferentes y más profundos de la misma herramienta. Pero básicamente el secreto para un duelo bien hecho es la adaptación. Adaptarnos es flexibilizarnos y ajustarnos a la nueva realidad y a todo lo que eso implica, es soltar nuestros ideales y nuestros proyectos y ajustarnos a lo que nos da la vida, sin luchar, sin agredir, solo aceptando, entendiendo que los planes de Dios son perfectos y mejores que los nuestros. Si, aunque cueste creerlo, son mejores que nuestros planes, tienen un propósito de amor y vienen a ayudarnos, a enseñarnos y guiarnos en nuestro camino de evolución.

Cuando no logramos esa adaptación es cuando se originan las otras dolencias, básicamente porque nos aferramos a una idea que lo único que nos deja es dolor y sufrimiento, pero no podemos salir de allí. ¿Qué dolencias dificultan nuestra adaptación?

  • El dolor en sí mismo: Creer que si me deja de doler, que si muestro que estoy feliz significa que he olvidado a la otra persona. Esta creencia impide la adaptación a la situación, dificulta seguir adelante en el proceso y solo nos quedamos en el dolor y en la infelicidad.
  • También está la creencia contraria, que debo mostrar que estoy bien, que estoy feliz y que puedo continuar con mi vida lo antes posible, esto es pretender pasar de la etapa 2 del duelo a la 4, sin sentir, sin darme el tiempo y el espacio de vivir mi proceso adecuadamente, a veces las personas intentan hacer esto porque es lo que los demás esperan que hagan, porque duele mucho y es mejor entretenerse con cosas externas para no lidiar con mis emociones o porque creen que si lloran están afectado el proceso de partida de ese ser querido, que lo retrasarán en el proceso en el que él este ahora.
  • Creer que no puedo ser feliz sin el otro, si yo pienso que mi felicidad depende de otras personas o situaciones serán muy díficil avanzar en este proceso del duelo, porque literalmente murió mi capacidad de ser feliz, de levantarme y avanzar en la vida.
  • Aferrarme a un proyecto de vida, un sueño o un ideal, imaginar e idealizar cómo hubiera sido mi vida si ese ser no se hubiera ido, qué planes podríamos hacer, cómo llevaríamos a cabo esos proyectos de los que hablamos, pero me quedo en un ideal mental que me impide la acción en el aquí y en el ahora.
  • Pensar que todo tiempo pasado fue mejor y que ya no hay motivos para continuar.

Todas estas “dolencias”, son creencias, son interpretaciones que hacemos del evento, son válidas en un primer momento porque son las que me ayudan a ver qué es lo que yo debo trabajar. El dolor que sentimos ante la muerte de alguien esta hablando de mis aprendizajes, de lo que tengo pendiente trabajar. Cada uno interpreta el mismo evento de maneras diferentes y esa interpretación me está dando la pauta de lo que yo debo aprender. Estas dolencias, o interpretaciones son necesarias, válidas y hacen parte del proceso del duelo, pero debo hacerme cargo de ello y avanzar, si me quedo pegado a esa interpretación, solo voy a generar más dolor y no avanzaré en el proceso, al no pensar nada diferente y estar generando cada vez más emociones solo puedo aumentar el número de dolencias y pronto aparecerán síntomas físicos que sólo serán indicativos de que algo estamos haciendo mal, que necesito no solo sacar mi emoción, también es necesario subir la energía y comenzar a pensar diferente, a cambiar esa interpretación, a resignificar.

Me encantaría decir que ya estoy en la última etapa del proceso y logré ya el 100% de la comprensión, pero no es así. Hace poco Marce me preguntaba si yo creía que llegaríamos de verdad a un punto en el que ya no nos dolería en lo más mínimo pensar en él, un momento en el que podremos recordarlo sin que nos duela, desde la teoría sé que sí, pero aún no lo he verificado, no he llegado a ese punto, porque hay meses del año en los que estoy muy sensible y solo nombrarlo duele, pero soy conciente también que cada vez dura menos tiempo ese dolor y cada año son menos los días de sensibilidad.

Tres años después he logrado nuevas comprensiones, aunque debo reconocer que por la información que trabajo hay varias comprensiones que tenía desde el principio y han hecho este proceso mucho mas llevadero y “fácil”.

Yo ya comprendía que no hay un culpable, sencillamente entiendo que ya era su momento, su hora de irse, de graduarse independientemente de que yo estuviera de acuerdo o no, esto hizo que yo no tuviera la sub-etapa de la ira, no me molesté con nadie, no quería gritar a nadie, aunque me costara estar de acuerdo, entendía que él ya debía irse, que era la voluntad de Dios y un diseño perfecto en el universo. Entendía que la muerte es sencillamente otro paso, otra etapa de la vida a la que todos llegaremos en diferentes momentos. Y, como me dijo Emily, sé que él ahora esta viviendo en un profundo amor, “con todo el amor de Dios en su corazón”

Y hoy entiendo y he verificado que puedo ser feliz sin él, que puedo continuar con mi vida, con nuestros proyectos y que no lo necesito para continuar mi camino. La dolencia que aún me acompaña, que impide que termine mi proceso del duelo y que aún me falta entender es que sigo pensando que sería aún más feliz si pudiera compartir cada evento de mi vida con él. Sería mucho más divertido vivir todo con él a mi lado

Espero que algún día pueda escribirles un artículo diciéndoles que llegué a la etapa 4 y contándoles cómo lo hice, Por ahora sigo trabajando mi emoción, subiendo mi energía y tratando de comprender lo que aún me falta.

Si quieres compartirnos una experiencia o pedirnos un artículo sobre un tema específico escríbenos a: blog@surala.org